lunes, 1 de agosto de 2011

Por Fuera de la Fiesta
Por: Fernando Varón Palomino
El país esta viviendo una gran fiesta una fiesta mundialista. Bogotá, Barranquilla, Cali, Pereira, Cartagena, Manizales y Pereira, con excepción de las tres primeras las otras  con mucho menos tradición en materia futbolística que Ibagué, sin embargo, mientras nosotros estamos terminando un estadio hace sesenta años las demás incluidas Pasto, Neiva, Tunja, Bucaramanga, Itagüí, y muchos etcéteras, ya terminaron los suyos y ahora pueden ser parte de eventos internacionales.
Con la partida definitiva de grandes dirigentes tolimenses pareciera que las esperanzas de ser importantes en el ámbito deportivo se quedó en la añoranza. Nuestros “grandes escenarios”, son un burdo remedo de la infraestructura que existe en otras latitudes de nuestra geografía macondiana. Un Parque Deportivo,  con pequeñas inversiones que se diluyen en poco tiempo porque no existe una verdadera administración. Piscina Olímpicas, que hace décadas dejaron de ser eso, “olímpicas”. Un Coliseo Cubierto, que hasta para proponer su venta demuestra la falta de interés en mejorar su estructura y nuestro máximo escenario, el estadio Manuel Murillo Toro, que no solo ha tenido más nombres que cualquier otro, lo que demuestra el porque no tenemos sentido de pertenencia sino el más abandonado, que si no fuera por un boyacense hace mucho rato estaría en física ruina.
Con este panorama y la falta de interés en el gobierno departamental y municipal, aunado a la clase parlamentaria que en su gran mayoría no gusta de la actividades lúdicas es imposible que la dirigencia nacional e internacional mire a la Ciudad Capital de la Música, así estemos a dos horas y media de Bogotá por una vía de doble calzada, que estemos a veinte minutos de la Capital, que tengamos gente amable y que amemos la música.
Pero el descuido, por no llamarlo de otra forma, llega a su clímax cuando no promocionamos nuestra ciudad en las diferentes sedes mundialistas, no distribuimos ninguna nota alusiva a nuestra región, cuando el señor Gobernador prefiere irse a los “mallamis” y que la Casa del Tolima en Bogotá este sin luz por no pagar el servicio, así es imposible salir del anonimato.
Cada cuatro años se anuncian proyectos, inversiones, estrategias para el deporte, la recreación, para los escenarios pero al final terminamos en grandes frustraciones, para empezar quienes llegan al Palacio del Mango o a la Alcaldía, lo primero que hacen es designar personas sin experiencia, no en el deporte sino en la administración deportiva que es totalmente distinto a cumplir la cuota política y así seguimos indefinidamente.
Espero con la fe del carbonero, que Luis Carlos Delgado y Luis H. Rodríguez, nos sorprendan cambiando la historia de los últimos treinta años, en materia del deporte, como una de las formas de mejorar la calidad de vida de los tolimenses.