miércoles, 20 de octubre de 2010

Deportes Tolima, 
una pasión que hace soñar
 
Lejanos y casi en el olvido, estan los forjadores del Deportes Tolima, ya casi nadie recuerda por ejemplo al "Negro Pingo", Humberto Gonzalez Ruiz, por eso me referiré a lo actual a lo que se vive partido tras partido y a la nueva esperanza que nace.
 
Con la terquedad del boyasence, Gabriel Camargo Salamanca, a quien defiendo en su gestión, aunque a decir verdad, al él no le interesa que lo defiendan porque eso lo hace solo, tomó la decisión de apoyar a Hernan Torres en la dirección técnica del equipo a pesar de muchas mal querencias e incluso cuando el equipo en el 2007, si no estoy mal, quedó de último, los insultos después de cada partido eran impresionantes que obligaba a su séquito de escoltas a una protección adicional. Dentro de los cotidianos insultantes se encontraba un muy conocido abogado, ostentoso en su barriga y en el hablar pero así somos los tolimenses, que preferimos esperar que un director técnico extranjero fracase que apoyar a un tolimense. Esa debilidad al parecer no la quita los años.
 
Con el trasegar de la incomprensión, de la desconfianza, de los abucheos, de copiar insultos brasileros como "burro" cuando a los hinchas no les gusta una alineación o un cambio, o ir más allá, con el consabido "madrazo", así era en su momento, lo que tenía que padecer Hernan Torres. Las cosas son un poco mejores pero no hay dicha perfecta, pues es claro que a Torres, no le creen en las finales, ya que se acostumbra decir, que el equipo se "vende" o se "Chipatea", termino éste, que solo se encuentra en el diccionario de colombianismos, sin embargo no se analiza, que a las finales llegan ocho equipos con iguales pretensiones del nuestro y que solo uno es el ganador. Si la desconfianza que se tiene fuera proporcional a los que vamos a los partidos, seríamos sin duda una organización deportiva muy rica.
 
Nuestro Deportes Tolima, a pesar de "profesores del Fútbol", a pesar que los noticieros nacionales y comentaristas de Bogotá, no le quieren reconocer su trabajo, sus estadísticas y sus logros genera pasión, que nos pone nuevamente a soñar, en la sudamericana y en el campeonato local. Pasión que se desborda con el hincha de la calle, el de radio y con los escazos aficionados que van al Estadio Manuel Murillo Toro, pagándo, porque otros, solo asisten en época electoral o cuando el primer lugar del vino tinto y oro, da pantalla. Pero así somos.
 
Gracias a Gabiel Camargo, a Hernan Torres y su cuerpo técnico, gracias a los que han creido en el Deportes Tolima, gracias a los hinchas que no "echan madrazos" porque el equipo nos pone a soñar.

martes, 12 de octubre de 2010

Ibagué 460 años de espera

Cuatrocientos sesenta años, parecieran ser muchos o ser pocos, depende de la óptica que se mire. Ibagué, nuestra ciudad amada pero no comprendida por sus propios nativos, que la vemos distante cada vez que nos invitan a que ese supuesto amor lo convirtamos en acciones reales de pertenencia. Sentido de pertenencia como se repica a cada instante pero que la inmensa mayoría de ibaguereños pareciéramos no tener, no importarnos, "ese no es mi problema", como se acostumbra a expresar al solicitar apoyo a una iniciativa, a un proyecto, o a cualquier expresión de convocatoria ciudadana.

Los Ibaguereños nos acostumbramos a pedir, a "totumiar", a echarle la culpa a los funcionarios, a las administraciones, a las autoridades, al extraño, pero con pocas excepciones, tenemos la enjundia de sacar a flote ese espíritu guerrero, ese espíritu pijao que tenemos dentro, para hacer de esta ciudad, de nuestra ciudad, el jardín de ocobos, claro, con todos los problemas que una villa, como la de San Bonifacio, también tiene al haberse convertido en urbe.  

No pretendo ni esa es mi intención, recalcar sobre el Ibagué de antaño, para ello existen las plumas de Alberto Santofimio Botero, que es un una sinfonía oírlo hablar o escribir de ese Ibagué de nuestros mayores o a Carlos Orlando Pardo, que describe cada lugar cada momento de una historia como versos poéticos, simplemente deseo que estas efemérides de Ibagué, a la que ahora se le ha dado por Decreto el nombre de Ciudad Capital de la Música, realmente demuestre que es precisamente eso, una ciudad de música, pero de música colombiana,  de folclor y no de guachafitas, que se tenga respeto por lo que han hecho y siguen haciendo nuestros músicos, compositores, interpretes, los mecenas de nuestro pasado, que para recalcar ese sentido de pertenencia que se reclama no olvidemos nuestro pasado. Porqué mientras otras ciudades con menos tradición que la nuestra, si hacen valer, por ejemplo, el nombre de sus calles, carreras y vías, con lo que ellos consideran debe perdurar, nosotros dimos a cada vía de nuestra ciudad el nombre de una canción pero ya ni siquiera queda el aviso.

Ibagué requiere con urgencia un Museo de las Música y del Folclor, como ha insistido el doctor Santofimio. Tener un banco de la música, hacer el Paseo de la Fama de la Música Colombiana como lo he propuesto. Hacer verdaderos monumentos de la música, exaltar como se debe a Emeterio y Felipe, Garzón y Collazos, Silva y Villalba, Amina Melendro de Pulecio, Leonor de Buenaventura, Cantalicio Rojas, José Faxir Sánchez, a quien lamentablemente solo lo han honrado sus amigos pero no el gobierno o la sociedad tolimense, en fin, la única forma o manera de hacer valer ese rimbombante nombre de capital de la música, es DEMOSTRARLO. 

Son 460 años forjando nuestra historia día a día y esperando que  no se pierda de generación en generación y esa tal vez, es la misión de nosotros los  viejos que nuestra música y nuestro folclor, no se conviertan en la mirada de la hiedra.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Que Pasó?

Como para el olvido lo mejor es el tiempo, hoy me propongo no permitir que el olvido tape como los gatos, ciertas acciones de ilustres conciudadanos que ostentando un relativo poder local, convierten sus acciones en expectativas, ilusiones, esperanzas, proyectos, todos en "bien de los Ibaguereños y Tolimenes", como siempre repican sus estribillos y ahí que posteriormente y sin sonrojarse aspiran a regir los destinos de todos nosotros porque el "pueblo" asì lo pide. Por esta razón, hoy pregunto:
 
Que pasó con el Eje Cultural de la calle 10.
Que pasó con el Museo de la antigua cárcel distrital
Que pasó con la investigación fiscal de la Contraloría Departamental contra la funcionaria que ordeno la remodelación de la Gobernación
Que pasó con las transmisiónes virtuales de las plenarias del concejo de Ibagué, prometidas por Luis Fernando Ramos.
Que pasó con las investigaciones prometidas contra el Gobernador de parte de Orlando Espinosa
Que pasó con las zonas para taxis trazadas por el Secretario de Tránsito Municipal.
Que pasó con la gestión de los Contralores departamental y de Ibagué.
Que pasó con los fallos de responsabillidad fiscal contra el "capitán veneno", flamante directivo de la Cámara de Comercio
Que paso con el control político prometido por el concejal de Ibagué contra el Ibal, cuyo hijo, Carlos jimenez, se está enriqueciendo con demandas laborales en contra de esa empresa.
Que pasó, con las promesas de ciertos abogados que anunciaron que ni el Gobernador ni el Alcalde de Ibagué terminarían sus periodos.
 
Si algún día se optienen respuestas serias y no diatribas, "bajaré tranquilo al sepulcro"

lunes, 4 de octubre de 2010

¿Cómo leer los resultados de las elecciones parlamentarias de Venezuela?





1 de octubre de 2010
Thor Halvorssen

CARACAS, VENEZUELA – Una avalancha de medios de comunicación ha calificado como importante que Hugo Chávez haya perdido los dos tercios de su mayoría parlamentaria. Sin embargo, la realidad no es ésa. El lunes pasado, el Consejo Nacional Electoral venezolano anunció que los partidos de oposición habían obtenido la mayoría de los votos en la elección de representantes para la Asamblea Nacional. Al mismo tiempo, dicho ente electoral anunció que el partido de Chávez iba a conservar la mayoría de los escaños. Es decir, los que obtuvieron más votos consiguieron menos representantes. Esto es confuso.
En este momento, el partido de Chávez está señalando que si bien es cierto que ya no tienen una mayoría de dos tercios (la proporción necesaria para obtener el control total), sí tienen una mayoría de tres quintas partes y que eso es suficiente para aprobar una “ley habilitante”, que le otorgue a Chávez el equivalente a poderes dictatoriales. De tal forma, el escenario es este: antes de las elecciones, Chávez gobernaba con el poder absoluto, que incluía la sumisión del poder legislativo y judicial, además del control de los medios de producción. Ahora, sin el legislativo, Chávez hará que se apruebe, rápidamente, una ley que oficialice su poder absoluto.
El gobierno de Chávez manipula normas, leyes e instituciones de acuerdo a su conveniencia. Esto viene ocurriendo desde hace ya varios años y será su mayor legado. A continuación, apréstense a ver cómo la Asamblea Nacional saliente aprueba todo tipo de leyes a pesar de tener los días contados y carecer de mandato político.
Demasiadas personas ignoran o simplemente no son conscientes de la razón por la cual Chávez tenía el control absoluto del poder legislativo. En 2005, todos los partidos de oposición boicotearon las elecciones legislativas en protesta contra la falta de democracia, la manipulación del sistema electoral, la violación sistemática a los derechos humanos, y el uso del tesoro del Estado por parte de Chávez en beneficio de su propio partido. Los ciudadanos rechazaron masivamente la elección, y sólo el 17% de los votantes habilitados decidieron participar. La OEA y la Unión Europea publicaron informes críticos de todo el proceso. La escasa participación hizo que la Asamblea Nacional sea ilegítima pero legal. Ahora bien, el hecho de que la oposición no haya sido capaz de convertir todos estos hechos en una victoria y forzar a una nueva elección es algo incomprensible. Mientras tanto, la maquinaria propagandística de Chávez se puso en acción e hizo creer al mundo que él tenía un apoyo, tan amplio, que le habría permitido obtener todo el poder legislativo.
Después de eso, los partidos de oposición dejaron de lado la medida del boicot y volvieron a la política; de forma admirable, usaron tácticas diferentes a las del Presidente. En vistas del uso de la violencia por parte del gobierno, de un poder judicial politizado, de la censura de medios de comunicación críticos al Presidente, de la malversación de fondos públicos realizada por el partido del Presidente, del culto a su personalidad financiado por el Estado, del uso de la prisión para perseguir a oponentes políticos, y de la sensación permanente de miedo —que incluye la presencia del aparato de inteligencia cubano y el abuso de las leyes federales para controlar las ondas de radio durante varias horas al día para difundir propaganda política— los grupos democráticos en Venezuela son dignos de elogio. Lo que lograron el domingo es algo extraordinario.
Alguien me preguntó por qué Chávez, si supuestamente era tan autócrata, no amañó las elecciones por completo. La respuesta es que aún no ha obtenido eso que su gobierno llama la “hegemonía comunicacional”. Todavía existe un canal de televisión al aire, Globovisión, que emite noticias y análisis críticos, a pesar de que sus dos propietarios principales se encuentran en el exilio. Los otros dos canales independientes que quedaban ya fueron censurados: uno fue cerrado, en tanto que el otro fue sobornado y chantajeado. Una vez que el gobierno tenga el monopolio de los medios de comunicación, será imposible, como en Cuba, escuchar puntos de vista críticos o de oposición. En un escenario de completa autocensura y miedo, cualquier resultado de las elecciones sería creíble.
Los números en las encuestas de Chávez se han reducido considerablemente debido a que cuestiones tales como la delincuencia —Venezuela tiene una de las más altas tasas de homicidios en el mundo (más que Afganistán o Irak)— y la inflación —Venezuela tiene la peor tasa en el hemisferio— afectan a todos los ciudadanos. Ante estos fracasos nacionales, Chávez habría obtenido peores resultados si las elecciones hubiesen sido libres y justas. Pero el escenario estaba ya montado: el gobierno había utilizado los interminables fondos de la petrolera estatal para competir contra los partidos políticos que carecen de apoyo estatal, y había impuesto numerosas restricciones a donaciones a partidos políticos de oposición. Adicionalmente, la intimidación a los votantes es moneda corriente en la Venezuela de hoy y los juramentos de lealtad al gobierno son una obligación de todos los funcionarios públicos. Imagínense cuáles habrían sido los resultados si hubiese habido igualdad de condiciones.
Teniendo en cuenta que no podían utilizar ya el slogan “tenemos más votos”, el Consejo Electoral, controlado totalmente por Chávez, eligió hacer alquimia política: pese a que la oposición obtuvo el 52 % de los votos (probablemente hubiera obtenido más si hubiese sido una elección limpia), no tiene la mayoría de los escaños. Esta alquimia política resulta de la redistribución de escaños por distritos politizados. Por ejemplo, en Caracas, los oponentes de Chávez obtuvieron 484,844 votos contra 484,103 del partido chavista. Sin embargo, los diez escaños fueron distribuidos de esta manera: tres para los ganadores y siete para Chávez. De verdad espero que quienes elevaron la voz denunciando injusticia en relación a la elección de George W. Bush frente a Al Gore, se pronuncien en contra de esta nueva injusticia que se perpetró a sólo cuatro horas al sur del condado de Palm Beach.
Está claro que, aún con la cubierta inundada, la mayoría numérica de los venezolanos está señalando que quiere algo distinto. Constantemente, en el ámbito internacional, se hacen lecturas referentes a las elecciones en Venezuela como una pugna entre ricos y pobres. La verdad del asunto es que la familia Chávez y los que están en su gobierno son la mayoría de los “ricos”, comenzando por sus hermanos Adán, Argenis y Adelis Chávez, y sus compinches de gobierno, Diosdado Cabello y José Vicente Rangel, quienes merecen ya estar incluidos en la lista de multimillonarios de la revista Forbes. No es sorpresa pues que, de acuerdo al índice de corrupción de Transparencia Internacional, Venezuela esté sumida en el fondo de la lista, con índices muy similares a los de Congo y Angola.
Para aquellos que forman parte de la maquinaria política de Chávez, la elección simplemente significa un cambio de táctica. En cambio, para Chávez es algo terrible, pues está claro que no puede soportar una voz opositora. La suya es la palabra final. Citándole literalmente mientras hablaba en tercera persona: “El que traiciona a Chávez, muere políticamente.” Chávez es la revolución. Él es la voz del pueblo. Él manda, no gobierna. Un verdadero liderazgo que le haga competencia es impensable. Si ustedes conducen un vehículo, desde el aeropuerto a la ciudad de Caracas, podrán ver docenas de carteles con su imagen —todos pagados con fondos del Estado y todos inapropiados en una democracia—. Todo es acerca de él, todo el tiempo. Si se salen de la línea, serán víctimas de expropiación, acoso, persecución, procesos penales y hasta prisión.
Una derrota de esta magnitud resulta humillante para Chávez. Con seguridad, le causa una profunda crisis existencial. Aparentemente, fue bastante difícil para él, ya que ni siquiera asomó la cabeza en su “Balcón de Pueblo” para saludar a sus desalentados partidarios y admitir la derrota. Eligió en vez de eso su cuenta de Twitter, donde fantaseó declarando una “sólida victoria”. Unas horas después, llamó “repugnantes” y “mentirosos” a los medios de comunicación internacionales; además, fue particularmente gráfico sobre la cobertura que CNN hizo sobre la elección. Durante el último referéndum, que fue la última vez que la oposición obtuvo la mayoría de los votos en una contienda electoral nacional, Chávez apareció en televisión y la llamó “victoria de mierda”; luego, procedió a ignorar, alegremente, los resultados de la elección.
Chávez no puede declarar su derrota. No puede dejar el poder porque esto le traería juicios por asesinato, tráfico de drogas a escala global, acusaciones de corrupción en magnitudes pocas veces vistas en la historia del hemisferio, y, más grave aún, tal vez algún juicio por crímenes contra la humanidad debido a su colaboración con el grupo terrorista colombiano FARC. Mientras esté en el poder, Chávez será intocable. Pero una vez fuera del poder, la lista de demandantes, fiscales, y otros críticos es tan larga que incluye grupos políticamente diversos como Reporteros Sin Fronteras, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, y las familias de las víctimas de la masacre del 11 de abril de 2002.
Chávez no sabe qué hacer, pero tiene dos años para planificarlo. Es poco probable que permita una contienda electoral justa. Ha descalificado a Leopoldo López, un candidato que lo había superado en las encuestas; ha precipitado al exilio a Manuel Rosales, el último candidato que lo desafió; y ha abierto investigaciones judiciales a todas las personas que tenían una perspectiva electoral. Chávez hará todo lo que sea posible para obtener un nuevo mandato. Pero esto no debería sorprender a nadie. Chávez ya lo ha dicho numerosas veces: su plan es quedarse hasta el 2030.


Thor Halvorssen es presidente de la Human Rights Foundation y fundador del Oslo Freedom Forum.

Lea el artículo original en inglés en el Huffington Post aquí.