martes, 12 de octubre de 2010

Ibagué 460 años de espera

Cuatrocientos sesenta años, parecieran ser muchos o ser pocos, depende de la óptica que se mire. Ibagué, nuestra ciudad amada pero no comprendida por sus propios nativos, que la vemos distante cada vez que nos invitan a que ese supuesto amor lo convirtamos en acciones reales de pertenencia. Sentido de pertenencia como se repica a cada instante pero que la inmensa mayoría de ibaguereños pareciéramos no tener, no importarnos, "ese no es mi problema", como se acostumbra a expresar al solicitar apoyo a una iniciativa, a un proyecto, o a cualquier expresión de convocatoria ciudadana.

Los Ibaguereños nos acostumbramos a pedir, a "totumiar", a echarle la culpa a los funcionarios, a las administraciones, a las autoridades, al extraño, pero con pocas excepciones, tenemos la enjundia de sacar a flote ese espíritu guerrero, ese espíritu pijao que tenemos dentro, para hacer de esta ciudad, de nuestra ciudad, el jardín de ocobos, claro, con todos los problemas que una villa, como la de San Bonifacio, también tiene al haberse convertido en urbe.  

No pretendo ni esa es mi intención, recalcar sobre el Ibagué de antaño, para ello existen las plumas de Alberto Santofimio Botero, que es un una sinfonía oírlo hablar o escribir de ese Ibagué de nuestros mayores o a Carlos Orlando Pardo, que describe cada lugar cada momento de una historia como versos poéticos, simplemente deseo que estas efemérides de Ibagué, a la que ahora se le ha dado por Decreto el nombre de Ciudad Capital de la Música, realmente demuestre que es precisamente eso, una ciudad de música, pero de música colombiana,  de folclor y no de guachafitas, que se tenga respeto por lo que han hecho y siguen haciendo nuestros músicos, compositores, interpretes, los mecenas de nuestro pasado, que para recalcar ese sentido de pertenencia que se reclama no olvidemos nuestro pasado. Porqué mientras otras ciudades con menos tradición que la nuestra, si hacen valer, por ejemplo, el nombre de sus calles, carreras y vías, con lo que ellos consideran debe perdurar, nosotros dimos a cada vía de nuestra ciudad el nombre de una canción pero ya ni siquiera queda el aviso.

Ibagué requiere con urgencia un Museo de las Música y del Folclor, como ha insistido el doctor Santofimio. Tener un banco de la música, hacer el Paseo de la Fama de la Música Colombiana como lo he propuesto. Hacer verdaderos monumentos de la música, exaltar como se debe a Emeterio y Felipe, Garzón y Collazos, Silva y Villalba, Amina Melendro de Pulecio, Leonor de Buenaventura, Cantalicio Rojas, José Faxir Sánchez, a quien lamentablemente solo lo han honrado sus amigos pero no el gobierno o la sociedad tolimense, en fin, la única forma o manera de hacer valer ese rimbombante nombre de capital de la música, es DEMOSTRARLO. 

Son 460 años forjando nuestra historia día a día y esperando que  no se pierda de generación en generación y esa tal vez, es la misión de nosotros los  viejos que nuestra música y nuestro folclor, no se conviertan en la mirada de la hiedra.